MARÍA REIRIZ

Armadora de OPROMAR y asesora de barcos extranjeros. Aguiño, A Coruña.

Cuando una se encuentra por primera vez con María puede sentirse intimidada por la seguridad y confianza que transmite. Es una Brava del Mar que se hizo a si misma.

De familia marinera, se crio empapada de salitre y pescado. Desde muy pequeña acompañaba a su padre en las descargas de los barcos de cerco de su tío, y antes incluso de terminar de estudiar ya tuvo oportunidad de gestionar los barcos ingleses que acababan de adquirir sus familiares.

Con el tiempo la contactaron otras empresas armadoras con barcos ingleses que querían que ella les gestionase los temas administrativos y legales, ya que además de conocimientos de inglés marítimo poseía ya una amplia experiencia en el sistema de pesca inglés y contactos en el país anglosajón. Del mismo modo, lideró la creación de una Organización de Productores en el Reino Unido y trabaja en la gestión diaria de esta.

Su voz denota emoción y pasión cuando habla del sector de la pesca. Se considera afortunada por conocer gente de muchos ámbitos y lugares, empaparse de los que otros y otras saben, y sobre todo de sentirse apreciada y querida por las personas para las que trabaja. Mujer dinámica e inquieta, considera que la pesca le permite desarrollar su mente, y más que un trabajo lo considera un relax. Reconoce que hay momentos peores, como las noches en lonja teniendo que permanecer muchas horas de pie y sin descansar, pero el resto lo.

Por eso no ve una exigencia como tal ahora mismo, pero cuando habla de los inicios es diferente. Hacerse un hueco en un mundo de hombres y trabajar muchas noches seguidas en la descarga fue complicado. Relata ya sin rencor esa época en la que tenía que llegar a la lonja de A Coruña y enfrentarse a otros trabajadores por el espacio para la subasta, donde recibía burlas por ser mujer y la desafiaban continuamente. Pese a todo, es mujer brava y nadie consiguió alejarla de su camino.

Considera que su mayor aportación al sector fue conseguir que diferentes empresas de este invirtiesen en barcos ingleses. No por haberlos animado, sino porque vieron el negocio que eso suponía.

Según sus propias palabras “la persona que no trabaja en equipo está abocada al fracaso”. Convencida del valor de las aportaciones de los demás, cree que cuantas más mejor y más asegurado el éxito.

A pesar de la seguridad en ella misma que transmite, le cuesta reconocer su éxito dentro de la pesca. Admira saber, por ejemplo, que fue consultada por abogados del Reino Unido para ser asesora en una denuncia conta el Gobierno inglés por una cuantiosa suma de dinero.

Cuando le preguntan por los riesgos asumidos, dice que cometió muchos errores económicos, haciendo inversiones que le salieron mal, pero que siempre se acuerda de lo que decía su tía “vender y comprar, todo es comerciar”, y por lo tanto no los considera riesgos. El riesgo más grande para ella fue el atrevimiento que siempre tuvo que mostrar para luchar por su sitio en este sector.

La burocracia, asegura, ahora a la pesca. Su futuro pasa por simplificar y reducir el número de normativas y trámites administrativos. También cree necesario unificar controles, pues la cantidad de inspectores actuales es desmesurada e impracticable. Otro de los hándicaps que resalta son las cuotas, insuficientes para una actividad sostenible económicamente.